Un espacio para acercar la ciencia y la tecnología a niñas y adolescentes

Niñas de entre 10 y 12 años participaron en el campus de Burzaco de una nueva edición de la Jornada Latinoamericana Ada Lovelace, una iniciativa que acerca la ciencia, la tecnología, la ingeniería y la matemática desde el juego y la experimentación.

Afuera, el sábado amaneció con tormenta. Adentro, en el campus de la Universidad Nacional Guillermo Brown (UNaB), las preguntas, los experimentos y los juegos le ganaron al mal tiempo.

Por cuarto año consecutivo, niñas de entre 10 y 12 años llegaron acompañadas por sus familias para participar de la quinta Jornada Latinoamericana de Talleres STEM Ada Lovelace y tener, para muchas de ellas, uno de sus primeros contactos con el mundo universitario.

No se trataba solamente de acercarlas a la ciencia, la tecnología, la ingeniería y la matemática. La apuesta de la UNaB fue más profunda: generar desde edades tempranas experiencias capaces de despertar vocaciones científicas y tecnológicas y, al mismo tiempo, hacer que la Universidad forme parte de un horizonte posible y cercano para las chicas de la región.

“Es muy trascendente lo que estamos viviendo hoy acá en la Universidad, en esta jornada en red con muchas otras instituciones dedicadas a derribar estereotipos, contribuir a cerrar brechas de género y generar posibilidades. De la mano de nuestras docentes y talleristas queremos, que estas niñas se sientan capaces de pensar, soñar y crear”, sintetizó el secretario de Extensión de la UNaB, Ignacio Jawtuschenko.

Una graduada de la UNaB al frente de la jornada

La coordinación de la actividad estuvo a cargo de Fernanda Rodríguez, licenciada en Enseñanza de la Matemática y una de las primeras graduadas de la Universidad. Quien hoy acompaña a niñas de 10, 11 y 12 años en sus primeros acercamientos a la ciencia recorrió también las aulas de la Universidad y forma parte de la primera generación de profesionales titulados por la institución.

Esa continuidad entre formación, graduación y trabajo con la comunidad expresa también una de las dimensiones de la propuesta: la Universidad no sólo forma profesionales, sino que los incorpora a proyectos capaces de multiplicar el conocimiento en el territorio y abrir nuevos caminos para quienes recién empiezan a imaginar su futuro.

Rodríguez explicó que Ada Lovelace busca precisamente generar ese primer encuentro entre las chicas y el universo científico.

“Es un proyecto donde intentamos que las nenas se vinculen con la ciencia. Nos conectamos de manera virtual con un montón de otras universidades y las nenas hacen diferentes experimentos”, señaló.

La propuesta forma parte de una red latinoamericana que este año multiplicó sus sedes en distintos puntos de la región. A través de videoconferencias, las participantes que estuvieron en Burzaco pudieron verse, saludarse e interactuar con chicas que realizaban experiencias similares en Rafaela y en países como Ecuador y Colombia, entre otros.

La jornada reunió a más de 3.000 participantes inscriptas en 119 sedes. La pantalla permitió entonces que lo que ocurría en un aula del campus de Burzaco se conectara con una experiencia colectiva mucho mayor: mientras cada grupo desarrollaba sus propios experimentos, las chicas podían descubrir que, a cientos o miles de kilómetros, otras niñas estaban haciendo preguntas parecidas.

La Universidad cerca, desde la infancia

La jornada puso en juego otra dimensión de la tarea universitaria: no esperar a que los jóvenes terminen la escuela secundaria para vincularse con ellos, sino salir antes a su encuentro.

Esa idea apareció con especial fuerza en el testimonio de Manuela, quien acompañó a sus sobrinas Emilia y Morelia. Para ella, la iniciativa también permite comenzar a reducir las asimetrías de género que todavía atraviesan determinados campos del conocimiento.

“Que las universidades puedan articular con el territorio, sobre todo en el conurbano, es importantísimo porque esto, esperamos que a futuro, pueda generar vocaciones científicas”, señaló.

Y agregó una cuestión que atraviesa buena parte de la política de extensión universitaria: reducir también las distancias simbólicas.

“Por ahora es una inquietud de la infancia-adolescencia, y está muy bueno que puedan acercarse desde edades tempranas para que la Universidad después no sea un objetivo distante y lejano”, sostuvo.

Algo parecido planteó Alejandro, papá de Elena. “Cuando encontramos que había un lugar acá fue increíble, no lo podíamos creer. Que tengan acceso desde tan chicos al ambiente universitario me parece un incentivo muy bueno para los nenes”, contó.

En esos testimonios aparece uno de los efectos menos visibles de jornadas como esta. Entrar a un aula universitaria, trabajar con docentes, recorrer un campus y descubrir que allí también hay un espacio para jugar, experimentar y equivocarse puede modificar la percepción de lo que significa una universidad. Deja de ser únicamente el lugar al que quizás se llegue alguna vez y comienza a formar parte del paisaje cotidiano.

Para Celeste, mamá de Juana, esa cercanía tiene además un valor concreto. Su hija ya tiene una vocación definida: quiere ser ingeniera aeroespacial.

“Para mí, como madre de una hija que va a ser una mujer, es súper importante. Ya tiene muy marcado qué es lo que quiere y necesitamos estas cosas. Que las chicas se formen”, afirmó.

Su reflexión puso el foco también sobre el territorio: “Es necesario que en la zona sur pasen estas cosas porque, si no, siempre tenemos que estar viajando a Capital. Todo está concentrado en Capital y el hecho de que hoy se abra una universidad pública en la zona sur es maravilloso”.

Aprender haciendo

Los talleres propusieron aproximarse a las disciplinas STEM desde una lógica alejada de la clase tradicional. Las chicas experimentaron, resolvieron problemas, jugaron y trabajaron colectivamente. La ciencia apareció menos como un conjunto de respuestas terminadas que como una invitación a preguntar por qué ocurren las cosas y buscar modos de averiguarlo.

También allí la UNaB aportó una particularidad: los docentes que llevaron adelante las actividades son graduados del Ciclo de Complementación Curricular de la Licenciatura en Enseñanza de la Matemática de la propia Universidad, la misma carrera de la que egresó Rodríguez.

De este modo, en una misma jornada se encontraron varias capas de la vida universitaria: la formación de profesionales, la tarea de extensión, el trabajo territorial y la posibilidad de que esos saberes regresen a la comunidad para despertar nuevas inquietudes.

La propuesta forma parte de la quinta edición latinoamericana de Ada Lovelace, creada para promover tempranamente entre las niñas el acercamiento a las áreas STEM y contribuir a reducir las brechas de género todavía existentes en estos campos.

La elección del nombre tampoco es casual. Ada Lovelace, matemática británica del siglo XIX, es considerada una pionera de la programación por sus trabajos sobre la máquina analítica diseñada por Charles Babbage. Su figura funciona hoy como una puerta para recuperar el lugar que tuvieron -y tienen- las mujeres en la historia de la ciencia y la tecnología.

Antes de volver a sus casas, las participantes de la sede UNaB se llevaron además un objeto pensado para prolongar aquella mañana: un juego de Go, el milenario juego asiático de estrategia cuyas reglas sencillas abren una enorme cantidad de posibilidades y ejercitan la planificación, el análisis y la toma de decisiones.

La jornada no terminó al salir del campus.

Detrás de cada experimento, cada partida y cada conexión con otra ciudad quedó una pregunta abierta. Quizás algunas de aquellas niñas vuelvan dentro de unos años a la Universidad para estudiar matemática, programación, ciencia de datos, ingeniería u otra carrera que todavía ni siquiera imaginan.

Y hay algo particularmente significativo en que una de las personas que hoy intenta despertar esas vocaciones lleve consigo el primer título expedido por la propia UNaB. Entre aquella primera graduada y estas niñas que recién comienzan a descubrir la ciencia hay una misma idea de Universidad: abrir caminos para que otros puedan imaginarse recorriéndolos.