
Especialistas de la Universidad Nacional Guillermo Brown participaron del 10° Congreso de Educación de Almirante Brown con propuestas sobre inteligencia artificial, lectura y escritura, revisión de las clases y formación docente. Las experiencias presentadas tuvieron un eje común: construir una universidad vinculada con las escuelas, capaz de enseñar, escuchar y aprender junto con el territorio.
La velocidad de las transformaciones tecnológicas, las dificultades que atraviesan los estudiantes al ingresar a la universidad, la necesidad de revisar las prácticas de enseñanza y el desafío de incorporar la lectura y la escritura en todas las asignaturas formaron parte de los debates que la Universidad Nacional Guillermo Brown llevó al 10° Congreso de Educación de Almirante Brown.
Durante las jornadas realizadas el 27 y 28 de agosto en la Casa de la Cultura, docentes y especialistas de la UNaB compartieron programas, talleres y experiencias desarrolladas tanto dentro de la Universidad como en articulación con instituciones educativas del distrito.
Más allá de la diversidad de las propuestas, las exposiciones estuvieron atravesadas por una misma concepción: la educación es una tarea colectiva que requiere trabajar en red, poner en común los saberes y construir puentes entre los diferentes niveles del sistema.
“Hay que hackearles el teléfono”
En la charla Inteligencia artificial en la educación. Desafíos y oportunidades, Gastón Sánchez propuso abandonar la mirada defensiva frente a las tecnologías y pensar de qué manera pueden incorporarse a propuestas educativas con sentido.
Ante la inquietud de muchos docentes por el uso permanente de los teléfonos celulares, sostuvo que la respuesta no debería consistir solamente en prohibirlos.
“Hay que hackearles el teléfono”, afirmó. La expresión no estuvo vinculada con vulnerar los dispositivos, sino con apropiarse pedagógicamente de herramientas que inicialmente no fueron diseñadas para enseñar.
Durante su actividad, Sánchez invitó a los participantes a utilizar WhatsApp como parte de una experiencia de aprendizaje. La propuesta permitió comprobar que una plataforma asociada habitualmente con la distracción también puede transformarse en una herramienta educativa cuando existe un propósito claro.
“No fue diseñada para aprender, pero nosotros, como docentes y como artesanos de la educación, transformamos algo que no pertenece al campo educativo en una herramienta para la educación”, explicó.
Para Sánchez, la discusión no debe comenzar por la aplicación o la plataforma, sino por la propuesta pedagógica. Una vez definido qué se quiere enseñar y para qué, los docentes pueden seleccionar la herramienta más adecuada.
El especialista también destacó la importancia del trabajo intergeneracional. Frente a cambios que se producen con una velocidad cada vez mayor, consideró indispensable que los educadores compartan experiencias y construyan redes.
“Hoy hay jóvenes trabajando con generaciones que tienen veinte años de experiencia y con docentes que están en su primer año. Trabajan en equipo. Quizás hace veinte años eso no era tan común”, señaló.
Esa colaboración permite conocer nuevas herramientas, evaluar sus posibilidades y advertir sus riesgos. También ayuda a trabajar anticipadamente cuestiones como la ciudadanía digital, antes de que los estudiantes incorporen determinadas tecnologías sin criterios para comprenderlas o utilizarlas.


Sánchez vinculó este trabajo colaborativo con el papel que debe desempeñar la universidad en su territorio: “La universidad tiene que ser para la vida. Y la vida es con otros, con las escuelas, con los docentes de secundaria y trabajando en red”, sostuvo.
En ese sentido, el Congreso funcionó como un espacio de encuentro entre docentes de diferentes niveles, trayectorias y experiencias. La pertenencia institucional dejó de ser una frontera para dar lugar al reconocimiento mutuo entre colegas.
La universidad, explicó, no sólo aporta conocimientos. También se lleva preguntas, experiencias y devoluciones que difícilmente podrían obtenerse sin el intercambio presencial.
Después de más de una hora de trabajo con el público, Sánchez valoró especialmente la atención y la participación de los asistentes: “Me llevo que hay mucha gente con ganas de trabajar, de capacitarse y de comprender una realidad que cambia rápidamente. Este es el momento más humano: el uno a uno”, expresó.
Revisar las clases para mejorar la enseñanza
La reflexión sobre la práctica docente fue el eje de la presentación Revisión de nuestras clases: el rol central del docente, a cargo de Vanesa Montenegro y Guillermo D’Andrea.
La propuesta forma parte de un programa dependiente de la Secretaría Académica de la UNaB, destinado a acompañar a los profesores frente a los desafíos o inquietudes que aparecen durante el desarrollo de sus materias.
“El programa consiste en acompañar a los docentes a partir de alguna dificultad que se les presenta en el dictado de sus clases”, explicó Montenegro.
El trabajo comienza con una planificación conjunta entre el profesor y el equipo de acompañamiento pedagógico. Posteriormente, los especialistas observan una clase y elaboran una devolución orientada a revisar las decisiones tomadas. “El objetivo principal es que los docentes reflexionen y revisen sus clases”, resumió.
Muchas de las consultas se producen luego de un primer parcial o de una evaluación final en la que se registra un nivel elevado de desaprobación. A partir de allí, el equipo analiza el tratamiento de los contenidos, la planificación, las estrategias de enseñanza y los instrumentos utilizados para evaluar.
No se trata de responsabilizar al profesor o al estudiante, sino de comprender integralmente la situación y construir alternativas.
Montenegro señaló que una de las principales dificultades aparece en las materias de los primeros años. Quienes ingresan a la universidad no sólo deben aprender los contenidos de una carrera: también necesitan aprender a estudiar, organizar sus tiempos y construir hábitos: “Los estudiantes que se insertan por primera vez en la universidad tienen que aprender a ser estudiantes”, explicó.
Esa formación incluye el desarrollo de técnicas de estudio, la comprensión de las consignas, la organización de las lecturas y la adquisición de una mayor autonomía.
El programa de revisión permite observar estas dificultades sin reducirlas a una falta individual del alumno. La pregunta deja de ser únicamente por qué desaprobó y comienza a incluir cómo fueron presentados los contenidos, qué acompañamiento recibió y qué tipo de evaluación se le propuso.


Por su parte, Guillermo D’Andrea destacó que la enseñanza suele desarrollarse de manera solitaria. Aunque los profesores compartan una institución, no siempre cuentan con oportunidades para conversar sobre lo que sucede dentro de sus aulas.
El acompañamiento pedagógico abre ese espacio: “Los propios docentes dicen que estas instancias les permiten reflexionar para mejorar sus prácticas, revisar la planificación y trabajar sobre aquello que se convierte en un desafío”, señaló.
Las modificaciones no terminan con la intervención puntual. Los aprendizajes obtenidos suelen trasladarse a las clases posteriores y a otras materias.
D’Andrea consideró que el programa podría extenderse a otros niveles educativos. Los espacios de tutoría y, especialmente, el acompañamiento personalizado a cada profesor podrían favorecer la revisión de las prácticas en escuelas primarias y secundarias.
“Trabajar uno a uno con el docente puede ayudar a mejorar sus prácticas o, por lo menos, a generar una reflexión”, indicó.
Para el especialista, el intercambio entre profesionales de diferentes niveles representa aquello que debería caracterizar a la educación: la posibilidad de enriquecerse mutuamente.
La universidad puede acercar conocimientos y experiencias a las escuelas, pero también necesita aprender de lo que sucede cotidianamente en las aulas primarias y secundarias.
Leer, escribir y participar de la vida democrática
La participación de la UNaB también incluyó propuestas orientadas a integrar la lectura y la escritura en las distintas disciplinas.
Durante su conferencia, Estela Moyano, profesora titular y coordinadora del Programa Competencias en Discurso Profesional y Académico de la UNaB, puso el foco en la relación entre el dominio del lenguaje, la construcción de conocimiento y la formación ciudadana.
La especialista planteó que la escuela secundaria debe ofrecer a los estudiantes oportunidades para debatir cuestiones relevantes para la vida democrática y para la construcción de relaciones sociales respetuosas. Entre ellas mencionó los derechos humanos, el cuidado del ambiente y la educación sexual integral, temáticas contempladas por la legislación nacional y por los lineamientos de las distintas jurisdicciones educativas.
En ese proceso, la lectura comprensiva y la producción de textos cumplen una función central. No sólo permiten que los estudiantes conozcan los temas, sino que los ayudan a construir una posición propia, fundamentarla y participar de las discusiones sociales.
Moyano advirtió, sin embargo, que el lenguaje utilizado para comunicar conocimientos escolares y abordar asuntos vinculados con la ciudadanía es diferente del lenguaje cotidiano y del literario. Por eso, consideró indispensable que los docentes enseñen explícitamente cómo se organizan y se interpretan esos textos.
Ese acompañamiento permite que los estudiantes accedan a formas específicas de construir conocimiento, elaboren argumentos y desarrollen las herramientas necesarias para intervenir como ciudadanos críticos y responsables.


La conferencia recuperó, además, los avances alcanzados por el Programa Competencias en Discurso Profesional y Académico de la UNaB. La iniciativa ofrece recursos lingüísticos para que los estudiantes puedan leer y escribir dentro de las diferentes disciplinas y, al mismo tiempo, prepararse para las prácticas comunicativas propias de la vida profesional.
Según explicó Moyano, los estudiantes que participan del programa muestran una evolución favorable en sus capacidades de lectura y escritura, tanto dentro de una asignatura como a lo largo de sus carreras.
El programa también trabaja en la formación de docentes del nivel secundario, con el objetivo de fortalecer la enseñanza de la lectura y la escritura en las escuelas. La propuesta busca contribuir simultáneamente a la mejora de los aprendizajes y a la formación de jóvenes capaces de comprender, analizar y discutir los asuntos que atraviesan la vida en democracia.
Para Moyano, la participación de la Universidad en el Congreso de Educación de Almirante Brown representa también una oportunidad para profundizar su vínculo con el territorio. Estos encuentros permiten que la UNaB mantenga un contacto cercano con las instituciones escolares, abra sus puertas al intercambio de conocimientos y experiencias y genere aprendizajes mutuos con las comunidades educativas de la región.
La lectura y la escritura, herramientas para todas las materias
Moyano también presentó la conferencia Construcción de conocimiento y ciudadanía: cuestión de lectura y escritura, mientras que Lorena Bassa, Anahí Varela, Claudia Montes, Carina Velo y Nadia Ojeda coordinaron el taller ¿Cómo leer y escribir en la escuela secundaria para construir conocimiento en cada asignatura?
Varela explicó que la actividad buscó trabajar con textos que pueden aparecer en distintas materias del nivel secundario: “Vamos a analizar esos textos y pensar diferentes propuestas para abordarlos en el colegio”, adelantó.
La iniciativa partió de considerar que leer y escribir no son tareas exclusivas de Lengua o Literatura. Cada disciplina utiliza conceptos, estructuras, géneros y formas particulares de construir conocimiento. Por eso, comprender un texto científico, histórico, matemático o artístico requiere un acompañamiento específico.


Nadia Ojeda, docente del Instituto Municipal de las Culturas, presentó además el trabajo realizado con profesores de las escuelas secundarias 31 y 32 de José Mármol: “Venimos a compartir las experiencias que fuimos desarrollando con docentes de dos escuelas piloto”, explicó.
La experiencia permitió construir estrategias junto con los profesores y analizar cómo la lectura y la escritura pueden incorporarse a la enseñanza de cada asignatura, no como actividades complementarias, sino como herramientas fundamentales para aprender.
Una universidad que enseña y aprende con el territorio
La presencia de la UNaB en el Congreso mostró distintas maneras de intervenir sobre problemas concretos del sistema educativo: acompañar a los docentes, revisar las evaluaciones, mejorar la comprensión de los textos, construir hábitos de estudio y apropiarse críticamente de las nuevas tecnologías.
Pero las propuestas también dejaron una definición sobre el lugar de la universidad.


Vincularse con el territorio no significa solamente trasladar conocimientos desde el ámbito universitario hacia las escuelas. Implica construir relaciones de ida y vuelta, reconocer los saberes de quienes enseñan en otros niveles y generar espacios donde las experiencias puedan compartirse.
En un escenario educativo atravesado por cambios tecnológicos, sociales y culturales, la respuesta que surgió de las distintas actividades fue el trabajo colectivo: docentes que observan y revisan sus clases, especialistas que acompañan sin juzgar, escuelas que comparten sus experiencias y una universidad que se acerca para aportar, pero también para escuchar y aprender.