
La Universidad Nacional Guillermo Brown realizó una jornada por la Memoria, la Verdad y la Justicia que reunió testimonios, investigación histórica y el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense. El encuentro culminó con el descubrimiento del Mapa de la Memoria de Almirante Brown, que quedó instalado de manera permanente en el Campus de Burzaco.
Hay 155 nombres. Hay lugares donde funcionaron espacios de militancia, sitios atravesados por la represión, enterramientos clandestinos y marcas de una violencia que también tuvo su expresión territorial en Almirante Brown. Desde ahora, parte de esa historia puede recorrerse en uno de los pasillos del edificio de aulas de la Universidad Nacional Guillermo Brown (UNaB).
El descubrimiento del Mapa de la Memoria de Almirante Brown fue el punto final de una jornada que la comunidad universitaria realizó en el Campus de Burzaco, a 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Pero fue también, de algún modo, su síntesis: investigar lo ocurrido, ponerle nombres y lugares, transmitirlo y mantenerlo presente.
La Jornada por la Memoria, la Verdad y la Justicia reunió a autoridades universitarias y municipales, trabajadores docentes y no docentes, estudiantes, familiares de personas desaparecidas e integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).
Organizada por la Secretaría de Extensión de la UNaB, contó además con la participación del Sindicato de Trabajadores de la UNaB (Si.TU.NaB), ADUNaB, el Centro de Estudiantes y las agrupaciones Estudiantes por Brown y La Pulqui.



Al abrir el encuentro, el rector Pablo Domenichini puso el eje en el sentido que adquiere la reflexión sobre el pasado desde una universidad pública: “Quizás no hay ejercicio más fundamental para la salud de nuestro pueblo que juntarnos a reflexionar sobre lo que significó la última dictadura cívico-militar en Argentina, honrar la memoria, buscar la verdad y exigir justicia, diciendo todos juntos ‘Nunca Más’”.
Domenichini destacó la iniciativa de los sindicatos docente y no docente, encabezados por Rocío Martino, titular de ADUNaB, y Eduardo Broto, secretario general de Si.TU.NaB, así como el trabajo articulado con el Municipio de Almirante Brown.
El rector anticipó además lo que horas después se convertiría en la imagen final de la jornada: la instalación permanente del mapa en uno de los pasillos del edificio de aulas para que lo ocurrido en el distrito durante el terrorismo de Estado forme parte también de la vida cotidiana de la Universidad.
Un mapa para reconstruir las huellas de la dictadura
El encargado de presentar la investigación fue Rubén Miño, titular de la Casa de la Memoria de Almirante Brown. Frente al mapa, reconstruyó algunos de los episodios que permiten dimensionar cómo la violencia estatal y paraestatal atravesó, también, las calles, instituciones y hasta el cementerio del distrito.
Los puntos señalados en ese trabajo de memoria colectiva identifican antiguos espacios de militancia clandestina, lugares donde hubo enfrentamientos y asesinatos y escenarios vinculados directamente con la represión.

Entre ellos aparece la Masacre de Pasco, iniciada el 21 de marzo de 1975 en Lomas de Zamora y cuyo recorrido terminó en la esquina de Sánchez y Santiago del Estero, en José Mármol, con el asesinato de ocho personas.
Otro de los sitios centrales es el cementerio de Rafael Calzada donde durante la dictadura ingresaron clandestinamente durante la noche y la madrugada los cadáveres de las víctimas del terrorismo de Estado para ser enterrados.
Con la recuperación democrática, los hermanos Chamorro, trabajadores del cementerio, denunciaron aquellos movimientos y el entonces intendente Félix Flores llevó el caso ante la Justicia y se ordenaron las exhumaciones tras lo que fueron recuperados 17 cuerpos. La mayoría pudo ser identificada posteriormente gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense.
La investigación también señala la Capilla Nuestra Señora de Lourdes, en Claypole, vinculada con casos de militantes desaparecidos. Décadas después, el lugar volvió a aparecer en la reconstrucción de otra historia: la del nieto recuperado 133, Daniel Santucho Navajas, cuya identidad fue restituida después de comprobarse que su fecha de nacimiento había sido adulterada y que había sido bautizado en esa iglesia.
El registro reconstruido en Almirante Brown reúne actualmente 155 nombres y continúa abierto a nuevas investigaciones. Miño explicó que el trabajo recupera una investigación iniciada en 2006 por el profesor Juan Carlos Ranieri y posteriormente actualizada territorialmente por la arquitecta Débora Audis.
El mapa transforma así los datos en territorio. Permite observar que el terrorismo de Estado no fue únicamente una sucesión de acontecimientos nacionales: también ocurrió en barrios, calles, instituciones y espacios reconocibles de la vida cotidiana.
La ciencia al servicio de la identidad
La jornada tuvo otro de sus momentos centrales con la participación del Equipo Argentino de Antropología Forense, cuya presencia había sido declarada de interés municipal por unanimidad por el Concejo Deliberante de Almirante Brown.
El presidente del cuerpo, Nicolás Jawtuschenko, transmitió durante el encuentro el saludo del diputado Mariano Cascallares y destacó la articulación entre la Universidad, los sindicatos y los estudiantes para sostener las políticas de memoria, verdad y justicia.
La presentación institucional del EAAF estuvo a cargo de Mariana Segura, mientras que Alejandro Vázquez explicó parte de la tarea que el organismo desarrolla desde hace más de cuatro décadas.
“Uno de los mayores aportes que realiza el equipo está relacionado con la búsqueda e identificación de personas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar”, señaló.



El objetivo, explicó, es poder brindar a las familias una certeza científica sobre el destino de sus seres queridos y permitir, después de décadas de búsqueda, la posibilidad de transitar un duelo.
Creado en 1984, el EAAF desarrolló una metodología interdisciplinaria que articuló investigación histórica, arqueología, antropología y posteriormente genética. Su experiencia lo convirtió en una referencia internacional y llevó a sus integrantes a intervenir en investigaciones sobre graves violaciones de derechos humanos en decenas de países.
Pero el trabajo no terminó con las desapariciones producidas durante la dictadura.
Vázquez explicó que actualmente el equipo también investiga lo que denomina “desapariciones actuales”, ocurridas desde la recuperación democrática, y advirtió que las nuevas dinámicas de violencia plantean escenarios cada vez más complejos.
En ese recorrido, reivindicó además el vínculo con las universidades públicas como espacios desde los cuales producir, intercambiar y socializar conocimiento científico.
“Hace 50 años que estamos buscando a Marta”
Entre las intervenciones de la jornada hubo una que llevó las grandes categorías de la memoria colectiva al terreno de una historia familiar.
Alfredo Mastrángelo contó que está próximo a cumplir 60 años y que prácticamente durante toda su vida su familia buscó a Marta, su hermana desaparecida. “Hace 50 años que estamos buscando a Marta”, resumió.


Por eso, dijo, que una universidad abra sus puertas a la formación en derechos humanos produce una sensación que combina alivio, alegría y responsabilidad: “Que la universidad tenga un espacio justamente para el reconocimiento y todo lo que ha pasado con la dictadura militar nos reconforta; podemos descansar tranquilos de que la juventud por lo menos va a pensar en esa famosa frase: ‘Nunca Más’”, expresó.
Su intervención colocó en primer plano una dimensión que atravesó toda la jornada: la memoria no como una evocación detenida en el pasado, sino como una responsabilidad que se transmite entre generaciones.
Una Diplomatura para transformar la memoria en formación
Ese mismo principio atraviesa la nueva Diplomatura en Derechos Humanos de la UNaB, presentada formalmente durante el encuentro cuando ya transitaba sus primeras clases.
El secretario de Extensión Universitaria, Ignacio Jawtuschenko, ubicó la propuesta dentro de una trayectoria de trabajo que la Universidad viene desarrollando junto al Concejo Deliberante en políticas de Memoria, Verdad y Justicia.
Recordó, entre esos antecedentes, la investigación realizada sobre las ordenanzas aprobadas en Almirante Brown entre 1976 y 1983. A partir de aquel relevamiento se construyó una clasificación que permitió determinar cuáles de esas normas podían mantenerse, cuáles debían revisarse y cuáles correspondía derogar. La experiencia desarrollada entre la UNaB y el Municipio fue posteriormente replicada por el Concejo Deliberante de La Plata.
Para Jawtuschenko, tanto aquella investigación como la presencia del Equipo Argentino de Antropología Forense expresan una misma idea: poner la ciencia, la tecnología y el conocimiento al servicio de la identidad colectiva y de la búsqueda de la verdad.



La directora de la Diplomatura, Telma O’Toole, destacó que la propuesta nació de un proceso de construcción colectiva y encontró en la Secretaría de Extensión de la Universidad el acompañamiento institucional para atravesar las distintas instancias académicas necesarias para su aprobación.
La definió como un homenaje a las luchas que precedieron a las actuales generaciones y, al mismo tiempo, como una herramienta para convertir las enseñanzas del pasado en “pedagogía transformadora, acción territorial y compromiso democrático”.
Por su parte, Mariela Caracciolo, docente de la Diplomatura, reivindicó la construcción de la memoria colectiva y la continuidad de las demandas de verdad y justicia: “Hablar de derechos humanos es abrazar la causa de Madres, de Abuelas, de H.I.J.O.S. Es seguir tendiendo esos puentes para que nuestras juventudes nos acompañen en este desafío”, señaló.
Y sintetizó el compromiso que propone la nueva formación con una definición: “Hoy la UNaB se convierte en guardiana de la memoria”.
Caracciolo cerró su intervención leyendo unos versos de Dardo Sebastián Dorronzoro, poeta y herrero detenido y desaparecido durante la última dictadura: “Pero se olvidaron de borrar las huellas que mis pasos marcaron en tantas calles y caminos del mundo”.
Las huellas quedaron en el pasillo
Después de las palabras, las investigaciones, los testimonios y la presentación de la Diplomatura, la jornada salió del terreno de las exposiciones y los participantes se trasladaron hasta uno de los pasillos del edificio de aulas del Campus donde fue descubierto el Mapa de la Memoria de Almirante Brown.
Los puntos de colores, los lugares y los 155 nombres quedaron desde entonces incorporados al espacio cotidiano de la Universidad. No como una pieza destinada solamente a recordar una fecha, sino como una instalación permanente que estudiantes, docentes y trabajadores encontrarán al recorrer el edificio.


A 50 años del Golpe de Estado, la jornada terminó de ese modo frente a un mapa que aquello que señala no pertenece solamente al pasado pues son lugares todavía existentes, historias que continúan siendo reconstruidas, familias que siguen buscando respuestas y nombres que la universidad decidió mantener a la vista como otra manera de afirmar Nunca Más.